VERBO, juventud maldito tesoro.

Son contadas las ocasiones que tenemos la suerte de encontrar en nuestra cinematografía propuestas tan interesantes como la que ahora nos ocupa, porque Verbo, la ópera prima de Eduardo Chapero-Jackson es una rareza dentro del panorama de nuestra ¿industria?

En el riesgo está la victoria y Chapero-Jackson lo sabe, y si pretendía no dejar a nadie
indiferente lo ha conseguido. Verbo es una fábula contemporánea que bebe
de fuentes clásicas como el Quijote, reiteradamente citado en el filme, o de referentes
como El Mago de Oz o Alicia en el país de las maravillas o la más reciente El
viaje de Chihiro, narraciones más modernas pero ya clásicas con el denominador
común de chica que no encuentra su lugar en el mundo y que encuentra su propio
universo en una dimensión paralela, al otro lado del espejo, en un mundo de
fantasía creado por sus propios sueños y motivaciones, relleno de todo aquello
que no encuentra o añora del mundo real.

La Dorothy de Verbo es Sara, una adolescente de figura andrógina incómoda en el entorno que le rodea, una urbanización de extrarradio fría y vacía de la humanidad
necesaria para suplir la carencia de cariño y atención que no pueden (o de la
que no se responsabilizan) sus padres. Un relato generacional enmarcado en el
género de la ciencia ficción, un género nada habitual en nuestro país pero que
esta temporada nos ha dejado otra interesante película, Eva. En su ópera prima,
Chapero-Jackson crea un cuento aderezado con hip-hop y grafitis, dos formas de
arte contemporáneas que el director se esfuerza en valorar influenciado por
artistas como Banksy o Nach, cuyas letras han inspirado al director.

Destacar la revelación de Alba García, la hasta ahora actriz desconocida que da vida a Sara y más que segura nominada al Goya a mejor actriz revelación. En su primera
película consigue sobreponerse al reto y confeccionar una interpretación veraz
y contenida de esta Dorothy de extrarradio. Su particular guía al mundo de Oz, el artista callejero Líriko, está interpretado por Miguel Ángel Silvestre, que consigue desenmascarase de su personaje más popular, el Duque, para componer
una interpretación medida y comedida a base de diálogos en verso. Porque es en
verso como se habla en esa nueva dimensión que Sara visita, lugar en el que se
encuentran todos aquellos jóvenes que no encuentran su sitio en el mundo y
deciden cruzar el “espejo”.